Papeles en blanco/Adiós, viejo amigo
El estrés. El puto estrés. Los huesos se clavan, y me fatigo al andar. Cada bocanada de aire me sabe al jodido tabaco. El mundo me ha masticado suficientemente para poder escupirme a la calzada, cubierto de mierda y de papeleo inútil. Las multas y los informes llegan a mi mesa a pares. Los inútiles ciudadanos de esta nuestra ilustre ciudad no saben más que de putas, de noches de bar, de copas, y de despilfarro. Y luego, dos chavales metidos de coca hasta las cejas se matan con el coche al chocar contra algún arcén, y todo el mundo siente pena y lástima. Pero después lo olvidan, y siguen con sus vidas de ratas. Ratas que pasean por las calles negras, negras como alcantarillas.
A veces me siento como un filtro. Cuando ya ha ardido todo el cigarrillo, y todo el humo negro y asqueroso ha pasado a través de mis venas, quedo yo, destruido, destrozado, cansado. Y ni entonces recibo nada que valga la puta pena. Nadie me lo reconoce, no hay una jodida alma que se acuerde de mí. Vivo solo. Mi única compañía es el sonido del tocadiscos sobre un vinilo viejo y rajado de What a Wonderful Life, casi atravesado por la aguja. No tengo para más. Las alimañanas cruzan mi salón como si fuese su puñetera casa, y no la mía. Soy invitado, y no deseado precisamente. Ya estaba acostumbrándome, pero entonces me dí cuenta de todo el hedor y de toda la porquería que se arremolinaba a mi alrededor. Y os juro que no hay nada peor, nada, que descubrir que ya ni nada ni nadie te necesita. Sientes que tu muerte no solo no le importaría a nadie, sino que haría del mundo un lugar mejor.
Las persianas amarillentas cubren la luz. Las correas están deshilachadas, y no puedo levantarlas. Fui obligado a vivir a la sombra, como un aborto, o como un niño retrasado, abandonado a mi suerte. Como las cucarachas, pero al menos ellas tienen familia. Mi padre fue un alcohólico, y mi madre se dio a la fuga cuando yo era aún muy joven. Creí haber escapado cuando entré en el cuerpo. Me veía joven y lleno de ilusión. Pero los años y la tinta fueron haciendo mella, y hoy me sostengo por pura resignación. No quiero morir en casa, es de maricones y de débiles. Me hubiera gustado recibir un disparo y morir en día de servicio, con todos mis compañeros. Entonces seguro que si se hubieran fijado en mí. Pero no puede ser, porque solo eres hombre de papeles, eso decían, los muy hijos de puta. Me encargo de los papelajos y de la asquerosa administración de la comisaría. Estoy hecho de polvo viejo e informes. De llantos ajenos de mujeres sin hijos, y de hijos sin padres. De gente que viene a contarme sus historias de mierda, para llenarme como a un sumidero del que borbotea la mugre.
Tengo ya más años de los que viven los perros. Al final todo es lo mismo, la gente muere. Todo el mundo muere, antes o después. Algunos tienen suerte de no nacer siquiera. Si hubiera podido elegir, me habría quedado al otro lado. Pero me expulsaron a la vida, sin ningún agarre, en caída libre. Desde entonces he buscado algún paracaídas, en la bebida, o en el juego, o en las putas. Aterrizaré con mi cuerpo sobre el pavimento y acabará todo. Nadie llorará sobre mis restos. Lo tengo asumido. Pero tampoco me importa. He pasado siempre por los backstages de las obras, sin aparecer demasiado. Soy de esas personas que no sabes siquiera si están, o si se han ido ya. No tuve éxito con las mujeres, ni tampoco en el trabajo o en el azar. La vida se ha escojonado de mí desde que llegué, aún demasiado joven. Soy el poso de la sociedad, lo que cuelga del globo que se alza al viento.
Ni siquiera encuentro fuerzas para escribir. Las últimas palabras están borrosas porque el viento azota los papeles. El aire arrastrará el hedor de mi cuerpo inerte. Llevará mi alma lejos. Quizás eso me salve. Quizás consiga por fin alejarme de toda la inmundicia en la que me he visto sumido, y en la que he sumido a todo el mundo. No tengo ni de quien despedirme. No se ni quién leerá esta carta. Pero pido que se me perdone. Que no lo haga un jodido cura.
Dios no me ha querido nunca en su puto rebaño.
Ahora, que se joda.

